¿Los pensamientos intrusivos significan que quiero hacerlo? La respuesta que necesitas conocer

Si has buscado "¿los pensamientos intrusivos significan que quiero hacerlo?", probablemente no buscas una definición.

Buscas una respuesta que consiga calmar una duda que lleva demasiado tiempo ocupando tu cabeza.

Quizá apareció una imagen de hacer daño a alguien a quien quieres.

Quizá imaginaste empujar a una persona al pasar por un andén.

Quizá tuviste un pensamiento sexual, violento o blasfemo que te dejó completamente paralizado.

Y desde entonces solo puedes pensar una cosa:

"¿Y si el hecho de haber pensado esto significa que, en realidad, quiero hacerlo?"

Es una pregunta angustiante.

Y también una de las más frecuentes entre las personas que sufren pensamientos intrusivos.

Lo primero que quiero que sepas es esto: tener un pensamiento no significa desearlo, planearlo ni convertirlo en una realidad.

Si fuera así, todos seríamos personas completamente distintas. A lo largo del día nuestra mente genera miles de pensamientos, muchos de ellos absurdos, contradictorios o completamente alejados de nuestros valores.

El problema no es que aparezca un pensamiento. El problema empieza cuando tu cerebro deja de verlo como un simple evento mental y comienza a interpretarlo como una amenaza que necesita resolver.

 

¿Qué significa realmente tener pensamientos intrusivos?

Los pensamientos intrusivos son pensamientos, imágenes o impulsos que aparecen de manera involuntaria y generan un intenso malestar.

No los eliges.

No los buscas.

Y, en la mayoría de las ocasiones, aparecen precisamente porque representan aquello que más miedo te da.

Algunas personas tienen pensamientos como:

  • "¿Y si hago daño a mi hijo?"
  • "¿Y si pierdo el control y apuñalo a mi pareja?"
  • "¿Y si empujo a alguien delante del tren?"
  • "¿Y si en realidad me atrae alguien que no debería?"
  • "¿Y si estoy fingiendo querer a mi pareja?"
  • "¿Y si ofendo a Dios y eso significa que soy una mala persona?"

Aunque el contenido cambia, la reacción suele ser siempre la misma.

Aparece el pensamiento.

Sientes miedo.

Intentas entender por qué ha aparecido.

Y terminas preguntándote si ese pensamiento dice algo sobre quién eres.

Ahí es donde comienza el círculo que mantiene el problema.

 

No. Los pensamientos intrusivos no significan que quieras hacerlo

Esta suele ser la respuesta que las personas esperan leer.

Pero merece una explicación más profunda.

Muchas personas parten de una idea aparentemente lógica:

"Si mi cerebro ha sido capaz de pensar esto, será porque alguna parte de mí quiere hacerlo."

Sin embargo, el funcionamiento de la mente no es tan sencillo.

Pensar algo y querer hacerlo son procesos completamente diferentes.

Puedes imaginar caer desde un balcón sin querer saltar.

Puedes imaginar gritar durante una reunión sin tener ninguna intención de hacerlo.

Puedes imaginar un accidente mientras conduces sin desear que ocurra.

El cerebro produce asociaciones continuamente.

No todas reflejan deseos.

No todas tienen un significado oculto.

No todas necesitan ser interpretadas.

De hecho, cuanto más importante es un valor para una persona, más probable es que un pensamiento relacionado con ese valor le produzca un enorme impacto emocional.

Por eso una madre que ama profundamente a su hijo puede sentirse devastada al tener una imagen de hacerle daño.

No porque quiera hacerlo.

Sino porque la sola posibilidad le resulta insoportable.

 

Si me produce tanto miedo, ¿por qué mi mente sigue mostrándomelo?

Esta es una de las grandes paradojas de los pensamientos intrusivos.

Lo que más intentas evitar es precisamente lo que más termina apareciendo.

Imagina que alguien te dice:

"Durante los próximos treinta segundos no pienses en un oso blanco."

¿Qué ocurre?

Lo primero que hace tu cerebro es comprobar si está pensando en un oso blanco.

Con los pensamientos intrusivos sucede algo parecido.

Cuando intentas asegurarte constantemente de que no quieres hacer algo, tu mente vuelve una y otra vez al mismo contenido para comprobarlo.

No porque exista un deseo oculto.

Sino porque ha aprendido que ese pensamiento es importante y debe vigilarlo.

Cada comprobación envía el mismo mensaje al cerebro:

"Esto es peligroso. No dejes de prestarle atención."

Y el resultado suele ser que el pensamiento aparece todavía con más frecuencia.

 

El error que mantiene vivos los pensamientos intrusivos

Muchas personas creen que el problema está en el pensamiento.

En realidad, el problema suele estar en todo lo que hacen después de que aparezca.

Por ejemplo:

  • Analizar durante horas por qué ha aparecido.
  • Intentar recordar si alguna vez sintieron algo parecido.
  • Buscar en Internet si otras personas tienen esos pensamientos.
  • Preguntar constantemente a familiares o amigos si creen que serían capaces de hacer daño.
  • Revisar mentalmente situaciones para comprobar que siguen siendo "buenas personas".
  • Evitar quedarse a solas con determinadas personas por miedo a perder el control.

En ese momento todas estas conductas generan un alivio temporal.

Pero también enseñan al cerebro que el pensamiento era realmente peligroso.

Y eso hace que vuelva con más fuerza la próxima vez.

 

Pero si no significa nada, ¿por qué me afecta tanto?

Porque no eres indiferente a ese pensamiento.

Todo lo contrario.

Te afecta precisamente porque entra en conflicto con aquello que más valoras.

Las personas que sufren pensamientos intrusivos suelen ser especialmente sensibles a la posibilidad de hacer daño, actuar de forma inmoral o perder el control.

No soportan la idea de convertirse en alguien que no quieren ser.

Y esa sensibilidad hace que el pensamiento adquiera una importancia enorme.

No porque sea verdadero.

Sino porque representa exactamente aquello que más temen.

 

¿Los pensamientos intrusivos pueden hacerse realidad?

Esta es otra duda muy habitual.

La respuesta es que tener un pensamiento no aumenta la probabilidad de que ocurra.

Pensar en un accidente no provoca un accidente.

Pensar en gritar no hace que vayas a gritar.

Pensar en hacer daño no significa que vayas a hacerlo.

Confundir pensamiento con realidad es uno de los mecanismos que más sufrimiento genera en quienes padecen pensamientos intrusivos.

La mente produce escenarios constantemente.

Su función es imaginar posibilidades, no predecir el futuro.

Por eso intentar alcanzar la certeza absoluta de que nunca actuarás de determinada manera suele convertirse en una búsqueda interminable.

Siempre aparecerá una nueva duda.

Un nuevo "¿y si...?".

Y una nueva necesidad de comprobar.

 

¿Cómo dejar de tener miedo a los pensamientos intrusivos?

La mayoría de las personas intenta resolver el problema luchando contra los pensamientos.

Intentan expulsarlos.

Convencerse de que no son ciertos.

Buscar pruebas.

Analizarlos una y otra vez.

Sin embargo, cuanto más tiempo dedicas a demostrarte que un pensamiento no significa nada, más importancia termina teniendo.

Superar este problema no consiste en conseguir que nunca vuelvan a aparecer pensamientos intrusivos.

Consiste en dejar de responder a ellos como si fueran una amenaza que necesita resolverse.

Cuando el cerebro deja de recibir el mensaje de que cada pensamiento es peligroso, poco a poco pierde interés en él.

No porque los pensamientos desaparezcan para siempre.

Sino porque dejan de ocupar el centro de tu vida.

 

¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?

Si los pensamientos intrusivos ocupan gran parte de tu día, te hacen evitar situaciones, afectan a tu descanso o sientes una necesidad constante de buscar tranquilidad, pedir ayuda psicológica puede marcar una diferencia importante.

En terapia trabajamos para comprender qué está manteniendo ese ciclo y aprender formas diferentes de relacionarte con los pensamientos, sin que tengan el poder de dirigir tus decisiones o definir quién eres.

El objetivo no es controlar todo lo que pasa por tu mente.

El objetivo es que un pensamiento vuelva a ser solo eso: un pensamiento.

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